Meditación y preparación psicodélica: ¿qué capacidades necesitamos entrenar?

Meditación psicodelicos

La meditación y preparación psicodélica plantean una pregunta fundamental: ¿qué capacidades psicológicas conviene desarrollar antes de atravesar un estado profundamente modificado de conciencia? Podemos trabajar sobre las expectativas, establecer una intención, conocer los posibles efectos de la sustancia y construir un contexto suficientemente seguro. Pero hay algo que ninguna preparación puede garantizar: qué va a suceder durante la experiencia.

Cuando sus efectos se intensifican pueden aparecer emociones, sensaciones corporales, recuerdos, imágenes o modificaciones de la percepción de uno mismo difíciles de anticipar. Y, en esos momentos, el problema no necesariamente es lo que aparece. Muchas veces, lo decisivo puede ser cómo nos relacionamos con aquello que aparece.

Intentamos evitarlo, explicarlo, modificarlo o recuperar el control. O podemos reconocer lo que está sucediendo y permanecer en contacto con la experiencia sin reaccionar automáticamente frente a ella.

Por eso, una pregunta relevante para la preparación psicodélica es: ¿qué capacidades psicológicas conviene entrenar antes de atravesar un estado profundamente modificado de conciencia?

Un estudio publicado recientemente en Mindfulness ofrece un punto de partida interesante para pensar esta cuestión. Los investigadores consultaron a 123 personas con experiencia tanto en meditación como en psicodélicos acerca de qué prácticas y capacidades contemplativas consideraban más útiles para la preparación de una experiencia psicodélica. 

Sus resultados son interesantes. Pero también permiten plantear una pregunta que va más allá del propio estudio: ¿podemos realmente separar la regulación emocional de la atención, la conciencia corporal y la capacidad de tomar perspectiva frente a nuestra experiencia?

Lo que valoran quienes conocen ambos estados

Los investigadores distinguieron entre diferentes prácticas meditativas. Compararon atención focalizada (Focused Attention), monitoreo abierto (Open Monitoring), Loving-Kindness Meditation y prácticas de autotrascendencia.

Loving-Kindness recibió la mayor valoración como posible preparación para una experiencia psicodélica, seguida por monitoreo abierto y autotrascendencia. La atención focalizada recibió una valoración considerablemente menor. Es importante precisar qué significa este resultado: los participantes calificaron cuán útil creían que sería cada práctica. No fueron asignados a diferentes entrenamientos para comprobar posteriormente sus efectos durante una experiencia psicodélica. 

El estudio también preguntó por cinco procesos asociados a la meditación: regulación de la atención, conciencia corporal, dos formas de regulación emocional y cambio de perspectiva sobre uno mismo.

La mayor valoración correspondió a la capacidad de permanecer con emociones intensas y con aquello que aparece en el campo de la conciencia sin intentar escapar o suprimirlo. Muy cerca quedó otra dimensión de regulación emocional relacionada con aproximarse a las propias reacciones con aceptación. El cambio de perspectiva sobre uno mismo y la conciencia corporal también fueron considerados relevantes. La regulación de la atención obtuvo la valoración más baja. 

Una interpretación rápida podría ser que, para la preparación psicodélica, deberíamos priorizar la regulación emocional por sobre el entrenamiento de la atención.

Creemos que esa conclusión requiere bastante más cuidado.

¿Podemos regular una emoción sin regular nuestra atención?

Supongamos que durante una experiencia psicodélica aparece miedo.

Se modifica la respiración. Aparece tensión en el pecho. La atención queda capturada por una sensación desagradable. Surge un pensamiento: “algo está saliendo mal”. Ese pensamiento incrementa la activación corporal, que a su vez refuerza la interpretación de amenaza. Finalmente aparece el impulso de escapar de la experiencia o intentar detenerla.

¿Qué significa, en ese momento, “regular la emoción”?

No necesariamente significa hacer desaparecer el miedo.

Puede significar advertir lo que está ocurriendo, reconocer las sensaciones corporales asociadas, mantener suficiente estabilidad atencional como para permanecer con ellas, detectar los pensamientos que aparecen sin considerarlos inmediatamente una representación literal de la realidad y permitir que la experiencia evolucione sin responder automáticamente intentando controlarla.

Desde esta perspectiva, la regulación emocional no parece una capacidad independiente de la atención o de la conciencia corporal. Por el contrario, podría apoyarse en ellas.

Para permanecer con una emoción necesito poder dirigir la atención hacia lo que estoy experimentando. Para reconocer cómo se manifiesta necesito sensibilidad hacia la experiencia corporal. Para no quedar completamente absorbido por cada pensamiento necesito cierta capacidad de observar los acontecimientos mentales desde otra perspectiva.

El estudio define precisamente el “cambio de perspectiva del self” como la posibilidad de disminuir la identificación con una concepción estática de uno mismo y reconocer las actividades de la mente y el cuerpo como acontecimientos transitorios en lugar de tomarlos simplemente como “realidad”. 

Todos estos procesos pueden contribuir a aquello que, finalmente, llamamos regulación emocional.

Separar para estudiar no significa que funcionen por separado

La investigación necesita dividir fenómenos complejos en variables que puedan medirse.

Podemos distinguir atención, conciencia corporal, aceptación, descentramiento y regulación emocional. Esa separación es metodológicamente útil. Pero existe el riesgo de trasladarla directamente a nuestra comprensión de cómo funciona la experiencia.

Una cosa es distinguir procesos para investigarlos y otra asumir que funcionan independientemente.

Esto resulta particularmente importante cuando interpretamos que los participantes valoraron más la regulación emocional que la regulación atencional. 

El resultado nos dice qué capacidad consideran más importante. No nos dice qué entrenamiento fue necesario para desarrollarla.

La distinción es fundamental.

Una persona puede considerar que permanecer frente a una emoción intensa sin intentar escapar es una de las habilidades más importantes durante una experiencia psicodélica. Pero eso no nos informa acerca de cómo adquirió esa capacidad.

Tal vez contribuyó Loving-Kindness. Pero también pueden haber contribuido cientos de horas aprendiendo a sostener la atención sobre la respiración, reconocer cuándo la mente se distrae y regresar; observar una sensación corporal desagradable sin modificarla inmediatamente; o advertir repetidamente que un pensamiento puede aparecer, permanecer durante un tiempo y desaparecer sin necesidad de actuar sobre él.

Por lo tanto:

qué capacidad necesitamos durante una experiencia psicodélica y qué práctica permite desarrollar esa capacidad son dos preguntas diferentes.

El estudio responde principalmente a la primera. No fue diseñado para responder experimentalmente la segunda.

Loving-Kindness y atención focalizada no necesariamente compiten

Esto también permite interpretar con cautela uno de los resultados más llamativos del estudio: Loving-Kindness obtuvo una valoración media de 8,07 sobre 10 como preparación psicodélica, mientras que la atención focalizada obtuvo 5,28. 

Sería tentador concluir que deberíamos reemplazar prácticas de atención por prácticas orientadas al cultivo de emociones positivas.

Pero las distintas prácticas meditativas probablemente no entrenan compartimentos psicológicos completamente separados.

Cuando alguien practica atención focalizada no está ejercitando únicamente una especie de “músculo de la concentración”. También aprende a reconocer que la mente se ha distraído, interrumpir una cadena automática y regresar. Repite ese proceso cientos o miles de veces. Aprende a detectar contenidos mentales sin necesariamente seguirlos.

Del mismo modo, una práctica de Loving-Kindness requiere atención y monitoreo de la experiencia interna. Las capacidades se superponen.

El propio estudio ofrece un dato sugerente. Entre los procesos evaluados, los participantes consideraron especialmente importante poder permanecer con emociones intensas sin escapar o suprimirlas. 

Quizás, entonces, la pregunta no debería ser qué práctica “gana”.

Meditación y preparación psicodélica: aprender a permanecer

Esto nos lleva a una concepción diferente de la preparación psicodélica.

Prepararse no significa aprender a controlar lo que va a suceder.

Una experiencia psicodélica puede desafiar precisamente los mecanismos con los que habitualmente intentamos mantener el control de nuestra experiencia. Por eso, parte de la preparación podría consistir en desarrollar la capacidad de permanecer en contacto con aquello que sucede cuando nuestros mecanismos habituales de control dejan de funcionar.

La atención puede permitir regresar a la experiencia presente. La conciencia corporal puede ofrecer un anclaje para reconocer cómo se está expresando una emoción. El cambio de perspectiva puede disminuir la identificación absoluta con un pensamiento o una sensación. La aceptación puede reducir la lucha contra aquello que ya está ocurriendo. Y las prácticas afectivas pueden modificar la cualidad con la que nos relacionamos con nosotros mismos y con nuestra experiencia.

No parecen capacidades rivales. Parecen partes de un mismo repertorio.

Esto también ayuda a comprender otro resultado del estudio. Los participantes esperaban que un entrenamiento meditativo previo aumentara especialmente la aceptación durante la experiencia psicodélica y que pudiera reducir la dimensión denominada Anxious Ego-Dissolution, asociada a experiencias negativas de pérdida de los límites del yo. Nuevamente, se trata de expectativas de los participantes y no de efectos comprobados experimentalmente. 

El estudio es transversal y se basa en una muestra autoseleccionada de meditadores con experiencia psicodélica. No demuestra que meditar antes de una experiencia psicodélica mejore sus resultados, ni permite establecer qué técnica es superior. Tampoco permite determinar qué mecanismos median los posibles efectos de cada práctica.

Pero sí plantea una dirección de investigación particularmente valiosa.

¿Qué queremos que una persona aprenda antes de una experiencia psicodélica?

Tal vez necesitemos dejar de preguntar solamente qué técnica meditativa deberíamos utilizar y comenzar a preguntarnos qué capacidades queremos desarrollar.

¿Puede la persona reconocer que su atención ha sido capturada y volver voluntariamente a la experiencia presente?

¿Puede permanecer con una sensación corporal desagradable durante algunos instantes sin intentar modificarla?

¿Puede reconocer un pensamiento como pensamiento sin quedar completamente identificada con él?

¿Puede tolerar incertidumbre?

¿Puede permitir la presencia de una emoción intensa sin convertir inmediatamente esa emoción en un problema que debe resolver?

¿Puede relacionarse consigo misma con curiosidad, aceptación y cierta amabilidad cuando la experiencia se vuelve difícil?

Estas capacidades probablemente no pertenezcan exclusivamente a ninguna técnica.

Y quizás allí se encuentre una de las posibilidades más interesantes de integrar prácticas contemplativas en la preparación psicodélica: no enseñar a una persona cómo controlar una experiencia extraordinaria, sino ayudarla a desarrollar una forma diferente de relacionarse con su propia experiencia cuando ya no puede controlarla.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *