A siete años de la muerte de Claudio Naranjo, repasamos su vida, sus más de 30 libros y su visión de los psicodélicos como una pieza dentro del desarrollo humano.
El imprinting psicodélico invita a mirar qué estímulos, imágenes y hábitos llegan con nosotros a una experiencia. No solo importa la sesión: también importa lo que la mente viene habitando.
Una revisión sistemática publicada en 2026 reunió casi una década de estudios sobre psicodélicos clásicos y personalidad. El patrón más consistente fue un aumento en Apertura y una reducción en Neuroticismo.
A comienzos de los años sesenta, cuando la psiquiatría académica todavía miraba con recelo a las plantas visionarias, un médico chileno decidió estudiarlas como se estudia cualquier sustancia con efectos sobre la mente. Claudio Naranjo (1932–2019) viajó al Putumayo colombiano en busca de la ayahuasca —o yagé, como se la conoce en esa zona— y regresó con plantas, relatos y el material que daría inicio a una de las primeras investigaciones clínicas sobre sus alcaloides. La historia de ese viaje cuenta bastante sobre cómo la ciencia occidental empezó a acercarse a la ayahuasca.
La investigación sobre psicodélicos suele concentrarse en la sustancia. Pero un meta-análisis reciente empieza a mostrar algo fundamental: la preparación previa también forma parte activa del tratamiento.
Durante mucho tiempo, la conversación sobre los psicodélicos giró alrededor de nosotros: por qué la psilocibina, el DMT o la mescalina producen experiencias tan profundas en las personas. Un artículo de reciente propone dar vuelta el enfoque. Si querés entender por qué existen los psicodélicos, quizá convenga dejar de mirarnos a nosotros y observar a los organismos que los fabrican.