Durante mucho tiempo, la personalidad fue pensada como algo relativamente fijo una vez alcanzada la adultez. No completamente inmóvil, pero sí bastante estable. La investigación reciente en torno a psicodélicos y personalidad comenzó a abrir otra pregunta: no tanto si alguien “se transforma” por completo, sino qué aspectos de la personalidad pueden moverse, en qué dirección y bajo qué condiciones.
En ese marco, una revisión sistemática publicada en 2026 reunió casi una década de investigación (entre 2016 y 2024) sobre psicodélicos clásicos y personalidad. De más de 6.000 trabajos rastreados, 48 estudios cumplieron los criterios de inclusión: 14 experimentales y 34 observacionales. Los trabajos incluyeron sustancias como psilocibina, LSD, ayahuasca/DMT y mescalina.
El hallazgo más consistente fue este: después de experiencias con psicodélicos clásicos, algunos rasgos parecen moverse de manera relativamente estable, sobre todo un aumento de apertura y una reducción de neuroticismo, especialmente en estudios con psilocibina y ayahuasca.
Psicodélicos y personalidad: un mapa de cinco rasgos
La mayoría de los estudios incluidos en la revisión evaluó la personalidad con instrumentos basados en el Modelo de los Cinco Factores, uno de los marcos más utilizados para describir rasgos de personalidad.
Este modelo organiza la personalidad en cinco grandes dimensiones:
Apertura: curiosidad, imaginación, receptividad a lo nuevo.
Neuroticismo: vulnerabilidad a la ansiedad, inestabilidad emocional y tendencia al malestar.
Extraversión: energía social, búsqueda de contacto, expresividad.
Amabilidad: empatía, cooperación, confianza.
Responsabilidad: orden, disciplina, constancia y persistencia.
No se trata de categorías cerradas, sino de dimensiones presentes, en distinta medida, en todas las personas.
Psicodélicos y personalidad: más apertura, menos neuroticismo
Dentro de esos cinco rasgos, los que mostraron el patrón más claro fueron dos.
Por un lado, la revisión encontró aumentos de apertura, un rasgo asociado a mayor curiosidad, receptividad, flexibilidad e imaginación. Por otro, encontró reducciones en neuroticismo, vinculado a menor vulnerabilidad al malestar emocional y a mayor estabilidad subjetiva.
Dicho en palabras simples: algunas personas, después de ciertas experiencias psicodélicas, parecen volverse más abiertas a lo nuevo y menos dominadas por la ansiedad o la reactividad emocional.
En cambio, otros rasgos como extraversión, amabilidad y responsabilidad no mostraron un patrón tan claro. A veces se movieron, a veces no, y la dirección del cambio fue menos consistente.
Que un rasgo cambie no significa, por sí solo, que sea “bueno”
Que un rasgo aumente o disminuya no es automáticamente positivo. Un mismo movimiento puede asentarse de formas muy distintas según la historia de la persona, el momento vital que atraviesa y el contexto en el que ocurre la experiencia.
Por ejemplo, más apertura puede traducirse en mayor flexibilidad, curiosidad y capacidad de explorar nuevas perspectivas. Pero, sin sostén o sin elaboración, también podría expresarse como dispersión, desorganización o dificultad para poner límites.
Del mismo modo, menos neuroticismo puede sentirse como más calma, menos ansiedad y mayor estabilidad. Pero, en algunos casos, también podría implicar menos registro del propio malestar o una relación más desconectada con ciertas señales internas.
Por eso, el cambio en un rasgo no dice por sí solo si el resultado fue saludable, profundo o duradero. No alcanza con observar que algo se movió: también es importante cómo se ordena ese movimiento en la vida de una persona.
Qué muestra la evidencia sobre psicodélicos y personalidad
La revisión aporta un dato importante: hay señales de que los psicodélicos clásicos pueden asociarse a cambios duraderos en la personalidad, especialmente en apertura y neuroticismo.
Pero también hay que leer estos resultados con cautela.
Una parte importante de los estudios incluidos fue observacional, no experimental. Eso significa que, en muchos casos, se puede observar que un rasgo cambia, pero no siempre se puede establecer con claridad si ese cambio fue producido por la sustancia, por el contexto, por la experiencia en sí o por características previas de quienes se acercan a estas prácticas.
Dicho de otro modo: quizá algunas personas que buscan experiencias psicodélicas ya eran, de entrada, más abiertas, más exploradoras o más dispuestas al cambio.
Además, aunque el patrón general es interesante, sigue habiendo diferencias entre estudios, contextos y diseños. Los propios autores señalan que futuras investigaciones se beneficiarían de combinar diseños experimentales y naturalistas, ampliar los seguimientos en el tiempo y trabajar con modelos más diversos de personalidad.
Una experiencia puede abrir una posibilidad, no garantizar un destino
Hay algo más que esta clase de revisión no siempre puede capturar del todo: el contexto en el que ocurre la experiencia.
Buena parte de los estudios sobre personalidad incluidos en esta revisión proviene de contextos diversos y no necesariamente de encuadres terapéuticos formales. Y ahí aparece una pregunta decisiva: si una experiencia abre la posibilidad de un cambio, ¿qué hace que ese cambio se sostenga y se ordene en una dirección vital?
Ahí entran en juego la preparación, el acompañamiento y la integración.
Porque una experiencia puede abrir una puerta, desacomodar una forma habitual de estar en el mundo o flexibilizar ciertos patrones. Pero para que eso se vuelva biografía y no solo anécdota, importa mucho cómo se lo elabora después.
En ese sentido, el trabajo terapéutico con profesionales es fundamental a la hora de preparar la experiencia, construir un encuadre de cuidado y acompañar la integración de lo vivido.
La investigación actual permite formular la pregunta de manera más precisa. Tal vez no se trate de decir que una experiencia psicodélica “cambia a una persona” de manera total o lineal. Más bien, parece que puede favorecer ciertos movimientos en la personalidad. Que esos movimientos se ordenen en una dirección vital depende, en buena parte, de cómo se acompañan.
