Cómo elegir un retiro psicodélico: los adornos no son el contenido

Elementos rituales en un retiro psicodélico como símbolo de la diferencia entre estética, tradición y formación.

Cuando alguien busca un retiro con psicodélicos puede encontrarse con propuestas muy diferentes entre sí. Algunas se presentan desde marcos psicoterapéuticos contemporáneos. Otras se inscriben explícitamente en tradiciones indígenas o religiosas. Y existe un amplio territorio intermedio: retiros que utilizan cantos, objetos ceremoniales, vestimentas, palabras, símbolos y rituales que evocan una tradición ancestral, aunque no siempre resulte claro de dónde provienen ni cuál es la formación de quienes los utilizan.

La estética puede ser poderosa. Puede generar belleza, expectativa, solemnidad y una sensación inmediata de estar entrando en un espacio extraordinario.

Pero también puede producir algo más problemático: una apariencia de autoridad.

Por eso, al pensar cómo elegir un retiro psicodélico, hay una distinción que vale la pena hacer desde el comienzo:

los símbolos de una tradición no son lo mismo que haberse formado dentro de ella.

Y, del mismo modo, prescindir de una estética tradicional no significa necesariamente carecer de un marco sólido.

El problema no son las tradiciones

Muchas comunidades han desarrollado durante generaciones formas propias de relacionarse con plantas y sustancias psicoactivas. Esas prácticas no consisten simplemente en una colección de objetos, canciones o ceremonias.

Forman parte de sistemas culturales mucho más amplios: existen formas de aprendizaje, relaciones entre maestros y aprendices, normas, responsabilidades, límites, cosmologías y maneras específicas de comprender aquello que ocurre durante una experiencia.

Reducir todo eso a sus elementos visibles sería confundir una cultura con su escenografía.

Por eso, cuestionar el uso superficial de símbolos tradicionales no equivale a cuestionar las tradiciones mismas. El problema aparece cuando alguien adopta sus formas externas sin haber recorrido los procesos mediante los cuales esas prácticas adquieren significado.

Un canto puede aprenderse. Una vestimenta puede comprarse. Un objeto ritual puede reproducirse.

Una trayectoria no.

Cuando el ritual se convierte en un disfraz

En un retiro, determinados elementos pueden tener una enorme capacidad para generar contexto.

La iluminación, el fuego, la música, los aromas, los objetos ceremoniales, determinadas formas de hablar o de moverse y la organización espacial de un ritual producen significado. Esto no es necesariamente algo negativo. El contexto forma parte de la experiencia psicodélica.

El problema comienza cuando esos elementos se convierten en sustitutos visibles de algo que no podemos observar directamente: la competencia de quien conduce.

Una persona puede parecer profundamente experimentada antes de haber hecho nada que permita evaluar esa experiencia.

Y esto importa especialmente con psicodélicos.

Quien participa de un retiro puede encontrarse en un estado de intensa vulnerabilidad psicológica, con modificaciones profundas de la percepción, las emociones, la identidad y la relación con quienes lo rodean. En ese contexto, la impresión de autoridad tiene un peso considerable.

La pregunta relevante, entonces, no es solamente qué objetos utiliza alguien o qué ritual realiza.

Es: ¿qué hay detrás de todo eso?

La estética no demuestra una tradición

Hay una diferencia sustancial entre pertenecer a una comunidad, haber sido formado durante años dentro de una tradición y reproducir algunos de sus elementos después de haber tenido contacto con ella.

Desde afuera, sin embargo, esas diferencias pueden ser difíciles de reconocer.

Dos ceremonias pueden parecerse mucho y tener historias completamente distintas.

Una puede estar conducida por alguien que lleva décadas dentro de una comunidad y responde ante ella. Otra, por alguien que pasó algunos meses aprendiendo determinadas prácticas y luego comenzó a ofrecer ceremonias por su cuenta.

La semejanza estética no permite distinguirlas.

Por eso conviene preguntar.

¿Con quién se formó esa persona? ¿Durante cuánto tiempo? ¿Dentro de qué comunidad o linaje? ¿Quiénes fueron sus maestros? ¿Qué vínculo mantiene actualmente con ellos?

Las respuestas concretas permiten reconstruir una trayectoria.

Las respuestas grandilocuentes, en cambio, pueden ocultarla.

Lo ancestral también puede ser una construcción reciente

Hay además otro fenómeno que obliga a ser cuidadosos: no todo lo que se presenta como ancestral tiene necesariamente una historia antigua.

Un ejemplo particularmente interesante es el uso contemporáneo de 5-MeO-DMT proveniente del sapo Incilius alvarius—denominado históricamente Bufo alvarius—. Algunas narrativas contemporáneas lo han rodeado de un imaginario ancestral, pero la evidencia histórica disponible sobre una tradición ceremonial prolongada específicamente asociada al uso de la secreción de este animal es mucho más limitada de lo que esa narrativa podría sugerir.

Esto no significa que una práctica reciente carezca de valor.

Significa algo diferente: su valor no debería depender de inventarle una antigüedad que no podemos demostrar.

La antigüedad tampoco garantiza seguridad, eficacia o competencia. Una práctica puede ser antigua y problemática; otra puede ser reciente y estar cuidadosamente construida.

La pregunta relevante sigue siendo qué sostiene realmente el trabajo.

¿Por qué los adornos resultan tan convincentes?

Porque necesitamos señales para decidir en quién confiar.

Cuando no conocemos un campo, evaluamos aquello que podemos observar. Una determinada vestimenta, un lenguaje solemne, un altar elaborado o una ceremonia compleja pueden funcionar como señales rápidas de conocimiento.

El problema es que son señales imperfectas.

En un contexto psicodélico esto adquiere particular importancia porque la persona está considerando entregar durante varias horas una parte considerable de su autonomía y vulnerabilidad a quienes conducen la experiencia.

La apariencia de autoridad puede entonces confundirse con autoridad real.

Y ambas cosas no son equivalentes.

Una transmisión real deja rastros

Cuando alguien afirma trabajar dentro de una tradición concreta, debería ser posible describir razonablemente cómo llegó hasta allí.

No hace falta convertir una conversación previa a un retiro en un interrogatorio. Pero algunas preguntas sencillas ofrecen mucha información:

  • ¿Con quién se formó?
  • ¿Cuánto duró esa formación?
  • ¿En qué comunidad o tradición ocurrió?
  • ¿Quiénes fueron sus maestros?
  • ¿Qué relación mantiene actualmente con ellos?
  • ¿Quién reconoce o respalda esa trayectoria?

Una formación seria suele poder narrarse de manera relativamente sencilla.

Tiene nombres, lugares, tiempos y relaciones.

Esto no constituye una garantía absoluta. Pero permite diferenciar una trayectoria verificable de una identidad construida principalmente mediante símbolos.

El riesgo aparece cuando llega una experiencia difícil

Todo esto dejaría de ser importante si el ritual fuera solamente una cuestión estética.

Pero durante una experiencia psicodélica pueden aparecer miedo intenso, confusión, agitación, desorganización, recuerdos traumáticos, conductas inesperadas o situaciones interpersonales complejas.

En esos momentos, un altar no interviene.

Los objetos no toman decisiones.

La vestimenta no evalúa qué está ocurriendo.

Lo que importa es la capacidad de las personas responsables para comprender la situación, regular su propia reacción, sostener a quien está atravesando la experiencia y saber cuándo intervenir y cuándo no hacerlo.

Por eso la estética puede incluso convertirse en un problema cuando produce una sensación de contención mayor que los recursos reales disponibles.

El participante cree estar protegido por una estructura que quizá sea mucho menos sólida de lo que parece.

Tampoco hace falta disfrazarse de otra cultura

Existe una consecuencia importante de todo esto.

No pertenecer a una tradición indígena no invalida automáticamente el trabajo con psicodélicos.

Occidente tiene también su propia historia.

La investigación clínica con LSD y otros psicodélicos comenzó a desarrollarse intensamente durante las décadas de 1950 y 1960. Miles de personas participaron en investigaciones y experiencias terapéuticas antes de que ese campo se redujera drásticamente por una combinación de cambios regulatorios, problemas metodológicos y transformaciones políticas y culturales.  

Durante aquellos años se desarrollaron modelos que combinaban psicoterapia y estados psicodélicos, particularmente alrededor del LSD. La literatura histórica muestra que no se trató de un fenómeno marginal: existieron programas relevantes de investigación psiquiátrica y psicoterapéutica en Estados Unidos, Canadá y Europa.  

Es decir: existe también una genealogía occidental del trabajo psicoterapéutico con psicodélicos.

No necesita presentarse como indígena para adquirir legitimidad.

Tradición, ciencia y experiencia no son intercambiables

Una dificultad frecuente en este campo consiste en buscar una única fuente de autoridad.

Pero una tradición cultural, una formación psicoterapéutica, la investigación científica y la experiencia práctica responden preguntas diferentes.

La ciencia puede aportar conocimiento sobre farmacología, riesgos, selección de participantes y resultados.

La psicoterapia puede aportar modelos para comprender vínculos, emociones, trauma, defensas y procesos de cambio.

Las tradiciones pueden contener conocimientos acumulados durante generaciones sobre determinadas plantas y formas de utilizarlas dentro de sus propios marcos culturales.

Y la experiencia práctica aporta algo que ningún libro reemplaza: haber acompañado muchas situaciones reales y haber aprendido a responder cuando las cosas no siguen el guion esperado.

No hace falta convertir estas fuentes de conocimiento en competidoras.

Pero tampoco conviene confundirlas.

Cómo elegir un retiro psicodélico: mirar detrás de la escena

Un lugar hermoso puede sumar.

Un ritual significativo puede sumar.

La música puede sumar.

Una tradición auténtica puede aportar profundidad y sentido.

Nada de eso debería descartarse.

El error consiste en utilizar esos elementos como evidencia suficiente de que un retiro está bien conducido.

Cuando evalúes una propuesta, intentá mirar detrás de lo inmediatamente visible. Preguntá por nombres, formación, trayectoria, experiencia, criterios de selección, preparación, acompañamiento e integración.

Y si el retiro afirma pertenecer a una tradición determinada, preguntá también por la relación concreta con esa tradición.

Porque en una experiencia capaz de producir estados de enorme intensidad psicológica, la escenografía puede contribuir al contexto, pero no puede reemplazar a las personas que saben qué hacer cuando realmente importa.

Los adornos pueden ser hermosos.

El contenido es otra cosa.

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