LSD vs hongos de psilocibina: ¿es más peligroso lo sintético?

La comparación LSD vs hongos de psilocibina suele estar atravesada por una intuición muy extendida: si una sustancia proviene de la naturaleza, probablemente sea más segura; si fue sintetizada en un laboratorio, conviene desconfiar.

La encontramos en los alimentos, los cosméticos, los suplementos y los medicamentos. “Natural” funciona muchas veces como sinónimo de saludable o benigno, mientras que palabras como “químico”, “artificial” o “sintético” pueden despertar sospecha.

Los psicodélicos no escapan a esta división. Para muchas personas, consumir hongos con psilocibina parece fundamentalmente diferente de consumir LSD. Los primeros crecen en la naturaleza y algunas especies tienen una larga historia de uso humano; el segundo fue sintetizado por primera vez en un laboratorio en 1938.

Pero ¿esa diferencia de origen implica realmente una diferencia equivalente en peligrosidad?

La evidencia disponible no permite sostenerlo.

El prejuicio de que lo natural es más seguro

Existe una tendencia bien documentada a valorar más favorablemente aquello que percibimos como natural. El fenómeno suele denominarse naturalness bias o sesgo de naturalidad.

La intuición tiene cierta lógica histórica. Los seres humanos convivimos con plantas, hongos y preparados tradicionales mucho antes de la aparición de la farmacología moderna. Lo sintético, en cambio, quedó culturalmente asociado con la industrialización, la contaminación, los medicamentos y también con algunos de los desastres tecnológicos de los siglos XX y XXI.

El LSD encaja particularmente bien en ese imaginario.

Fue sintetizado por Albert Hofmann en los laboratorios Sandoz en 1938 y sus propiedades psicodélicas fueron descubiertas algunos años después. Los hongos que contienen psilocibina, en cambio, existen independientemente de nosotros y forman parte de tradiciones culturales anteriores a la farmacología contemporánea.

Pero una historia diferente no implica necesariamente una toxicología diferente.

Una molécula no conserva memoria de su procedencia

Desde el punto de vista farmacológico, clasificar una sustancia como “natural” o “sintética” dice muy poco, por sí solo, sobre su seguridad.

La naturaleza produce sustancias prácticamente inocuas y también algunas extraordinariamente tóxicas. La síntesis química puede producir compuestos peligrosos, pero también medicamentos con amplios márgenes terapéuticos.

Por eso, la pregunta relevante no es simplemente de dónde proviene una molécula, sino qué hace esa molécula en el organismo, a qué dosis, durante cuánto tiempo y bajo qué condiciones se utiliza.

Esto resulta particularmente interesante cuando comparamos LSD y psilocibina.

Ambos pertenecen al grupo de los llamados psicodélicos clásicos. Aunque sus perfiles farmacológicos no son idénticos, una parte central de sus efectos psicodélicos depende de la señalización serotoninérgica mediada por el receptor 5-HT2A.

Y existe algo especialmente valioso para esta discusión: estudios que los han comparado directamente.

LSD vs hongos de psilocibina: ¿qué muestra la comparación directa?

En 2022, Friederike Holze y colaboradores publicaron en Neuropsychopharmacology un estudio doble ciego, aleatorizado, controlado con placebo y cruzado que comparó directamente los efectos del LSD y la psilocibina en 28 participantes sanos.

Cada participante recibió, en diferentes sesiones, placebo, 100 y 200 μg de LSD y 15 y 30 mg de psilocibina. El diseño permitió comparar ambas sustancias dentro de los mismos individuos y bajo condiciones experimentales semejantes.  

Estudio de Holze et al. en Neuropsychopharmacology

Los resultados son interesantes porque cuestionan una separación demasiado simple entre ambos psicodélicos. Los autores encontraron que 20 mg de psilocibina —estimados a partir de las relaciones dosis-respuesta estudiadas— producirían efectos subjetivos comparables aproximadamente a 100 μg de LSD, mientras que 30 mg de psilocibina se aproximarían a 150 μg de LSD. Las dosis altas de ambas sustancias produjeron alteraciones subjetivas de magnitud comparable.  

También aparecieron diferencias fisiológicas: la psilocibina produjo mayores aumentos de presión arterial, mientras que el LSD produjo mayores incrementos de frecuencia cardíaca. Sin embargo, los autores consideraron que las propiedades cardiostimulantes globales eran similares.  

La diferencia más evidente fue otra: la duración.

Los efectos del LSD se prolongaron sustancialmente más que los de la psilocibina. Esto tiene consecuencias prácticas importantes: una experiencia de ocho, diez o más horas exige otra logística, supervisión y resistencia psicológica que una experiencia más breve.

Pero duración y toxicidad no son sinónimos.

La comparación LSD vs hongos de psilocibina muestra, por lo tanto, diferencias farmacológicas reales, pero no sustenta la idea de que el LSD sea intrínsecamente más peligroso simplemente porque es sintético.

¿Qué sabemos realmente sobre su seguridad?

Aquí conviene evitar el error inverso. Cuestionar el prejuicio contra lo sintético no significa afirmar que LSD y psilocibina sean inocuos.

No lo son.

Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en JAMA Psychiatry en 2024 examinó los eventos adversos asociados a psicodélicos clásicos en contextos clínicos y de investigación. El análisis incluyó datos de 3.504 participantes provenientes de 114 estudios.  

⁠Revisión sistemática de Hinkle et al. en JAMA Psychiatry

En esos entornos monitorizados, los eventos adversos serios fueron poco frecuentes. No se reportaron eventos adversos serios entre los participantes sanos incluidos en el metaanálisis; entre participantes con trastornos neuropsiquiátricos preexistentes, la estimación fue de aproximadamente 4%. Pero hay una advertencia fundamental: los propios autores encontraron problemas de subdetección y de calidad heterogénea en el reporte de eventos adversos de muchos estudios.  

Además, los ensayos clínicos seleccionan cuidadosamente a sus participantes, excluyen determinadas condiciones médicas y psiquiátricas y utilizan entornos monitorizados.

Por eso, estos resultados no pueden extrapolarse sin más al consumo recreativo o no supervisado.

La conclusión defendible es más limitada: en personas seleccionadas y bajo condiciones clínicas o experimentales controladas, los psicodélicos clásicos estudiados han mostrado una tolerabilidad generalmente favorable, aunque pueden ocurrir eventos adversos relevantes y todavía existen limitaciones importantes en su cuantificación.  

LSD, psilocibina y los rankings de daño

Otro dato frecuentemente citado procede del trabajo de David Nutt, Leslie King y Lawrence Phillips publicado en The Lancet en 2010.

Los investigadores utilizaron un análisis multicriterio en el que un panel de expertos evaluó 20 drogas de acuerdo con 16 dimensiones de daño: nueve relacionadas con el daño para quien las consume y siete con el daño producido a otras personas.

El alcohol obtuvo el puntaje global más alto, 72 sobre 100. LSD y hongos quedaron en el extremo inferior del ranking, con puntuaciones globales de 7 y 6 respectivamente.  

⁠Nutt et al. — Drug harms in the UK, The Lancet

Es importante interpretar correctamente esos números.

No significan que el alcohol sea exactamente diez veces más tóxico que el LSD o los hongos. Tampoco son tasas de mortalidad, incidencia de eventos adversos ni mediciones experimentales directas de toxicidad.

Son puntuaciones resultantes de un modelo multicriterio basado en juicios expertos y ponderaciones de diferentes tipos de daño, realizado además en un contexto social específico: Reino Unido.

El estudio no demuestra que LSD o psilocibina sean “seguros”. Lo que sí muestra es algo relevante para nuestra pregunta: cuando el riesgo se analiza mediante múltiples dimensiones, la clasificación resultante no reproduce la división intuitiva entre natural y sintético.

Hay riesgos diferentes, pero no están donde solemos buscarlos

Que la procedencia no determine la peligrosidad tampoco significa que LSD y hongos sean intercambiables.

Los hongos son organismos biológicos y presentan variabilidad en su contenido de alcaloides. Además, cuando se recolectan de manera silvestre aparece un riesgo completamente diferente: la identificación incorrecta de especies potencialmente tóxicas.

El LSD presenta otros problemas fuera de contextos regulados. Una sustancia adquirida en un mercado ilegal no ofrece garantías acerca de su identidad, pureza o dosis.

Esto obliga a separar dos preguntas que habitualmente se confunden:

¿Cuál es el riesgo de una molécula?

y

¿Cuál es el riesgo del producto que una persona termina consumiendo?

No son necesariamente lo mismo.

Una intoxicación producida por haber recolectado una especie equivocada no demuestra que la psilocibina sea tóxica. De la misma manera, un evento adverso causado por una sustancia diferente vendida como LSD no demuestra una toxicidad propia del LSD.

La diferencia parece semántica, pero desde el punto de vista científico es fundamental.

Entonces, ¿qué determina el riesgo?

Probablemente tengamos que abandonar la pregunta “¿es natural o sintético?” y reemplazarla por preguntas mejores.

¿Qué sustancia es realmente? ¿Cuál es la dosis? ¿Qué concentración tiene? ¿Qué otros compuestos están presentes? ¿Quién la recibe? ¿Existen antecedentes médicos o psiquiátricos relevantes? ¿Qué medicamentos utiliza esa persona? ¿En qué contexto ocurrirá la experiencia? ¿Existe preparación y acompañamiento? ¿Hay capacidad de responder adecuadamente si aparece una complicación?

En psicodélicos hay además otra dimensión fundamental: la experiencia no depende exclusivamente de la molécula.

El estado psicológico de la persona, sus expectativas, el ambiente, la relación con quienes acompañan la experiencia y otras variables del set y setting pueden modificar profundamente cómo se desarrolla un estado psicodélico.

Por eso, hablar de riesgo exclusivamente a partir del origen de la sustancia deja afuera una parte considerable del fenómeno que queremos comprender.

LSD vs hongos de psilocibina: natural no significa inocuo

La evidencia sobre LSD vs hongos de psilocibina no respalda una división simple entre un psicodélico sintético peligroso y otro natural seguro.

Tampoco demuestra que ambas sustancias tengan exactamente el mismo perfil de riesgo.

Tienen diferencias farmacológicas, temporales y prácticas. El LSD tiene una duración considerablemente mayor. Los hongos presentan variabilidad biológica y, en determinadas circunstancias, riesgos relacionados con la identificación de especies. En mercados no regulados, la identidad y concentración de cualquier sustancia puede ser incierta.

Pero ninguna de esas diferencias puede reducirse adecuadamente a la oposición natural versus sintético.

Los hongos con psilocibina y el LSD tienen historias profundamente diferentes. Una sustancia procede de organismos vivos y está vinculada a tradiciones culturales antiguas. La otra fue sintetizada por la química moderna y quedó asociada a algunos de los episodios culturales más controvertidos del siglo XX.

Es comprensible que esas historias modifiquen nuestra percepción.

Pero historia, simbolismo y farmacología son niveles distintos.

Una molécula no conserva memoria de su procedencia.

Cuando queremos evaluar riesgo, las distinciones relevantes son otras: sustancia conocida o desconocida, dosis conocida o incierta, persona adecuadamente evaluada o vulnerable, contexto preparado o imprevisible.

Esas diferencias nos dicen bastante más sobre seguridad que preguntarnos si algo nació en un bosque o en un laboratorio.

Referencias

Holze F, Ley L, Müller F, et al. Direct comparison of the acute effects of lysergic acid diethylamide and psilocybin in a double-blind placebo-controlled study in healthy subjects. Neuropsychopharmacology. 2022;47:1180–1187. doi:10.1038/s41386-022-01297-2.  

Hinkle JT, Graziosi M, Nayak SM, Yaden DB. Adverse Events in Studies of Classic Psychedelics: A Systematic Review and Meta-Analysis. JAMA Psychiatry. 2024;81(12):1225–1235. doi:10.1001/jamapsychiatry.2024.2546.  

Nutt DJ, King LA, Phillips LD; Independent Scientific Committee on Drugs. Drug harms in the UK: a multicriteria decision analysis. Lancet. 2010;376(9752):1558–1565. doi:10.1016/S0140-6736(10)61462-6.  

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